Halilovic desata la felicidad

Tiene que ser una señal. Puede que un guiño del destino, que viajó directo a la red en ese zurdazo de Halilovic que hizo saltar por los aires el Gran Canaria. Cuando el partido caminaba a la nada, en los segundos finales, Alen se vistió de héroe firmando un gol que es la vida para la UD.

 

Muchos no lo vieron. Hubo gente que ya se había ido del estadio sin esperanzas. Quisieron ahorrarse aglomeraciones y se perdieron un gol que puede valer una permanencia. Porque sí, lo de anoche era un pleito sin coartada. Tenía que sacarse adelante por lo civil o lo criminal, que diría Luis Aragonés. No estaba el día para gatillazos y los cielos se abrieron en mitad de la noche cuando moría el reloj y pocos aguantaban el presagio. Tana inició la acometida en el costado izquierdo, centró con destino a Calleri, al que derribaron o se cayó, y la pelota salió rebotada a la frontal. Allí clavado estaba Halilovic, que hizo arte con un control de pecho y remate sin que cayera el cuero al suelo para colarla dentro. Lo que vino después fue la felicidad en estado puro, con la grada desatada y gritos histéricos para constatar que sí, que era verdad. Que después de ochenta y nueve minutos de saldo, con contadas acciones y Etebo exhibiendo pulmones como mejor apunte, la UD se había llevado tres puntos fundamentales a su cuenta. Imposible mejor colofón para una actuación templada, sin alardes pero que, a la luz del 1-0, queda en el inventario. No está Las Palmas para debates estéticos, consideraciones perfeccionistas o apuntes que no aludan al resultadismo. A la faena y a facturar. De eso se trata ahora que la competición comienza a señalar casi definitivamente.

Aunque Paco Jémez eludió terminologías trascendentes al respecto, era el primero en saber que no ganarlo era una pala más de tierra encima. Si la situación sigue siendo dura con diecisiete puntos, imaginen con menos como se temió durante largo rato ayer. Pero no. Hubo final feliz y hoy Las Palmas, todavía enterrada, es noticia por querer volver y anunciar batalla en todo lo que queda hasta el final. Que no es poco ni será fácil. Aunque el juego siga siendo transparente, aunque el estilo no se reconozca, el equipo se ha agarrado a su instinto de supervivencia. Ahora resuelve partidos sobre la campana, no hay rendición, quedan arrestos de orgullo, hay vida.

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